Cultura Corporativa, la clave entre amar u odiar nuestro empleo

25 agosto, 2017

¿Cuántas veces al despertar hemos pensado, “otro día de ir a trabajar con desgano, enojo, desmotivados, etc.”? ¿Y cuántas veces lo hemos hecho sabiendo que aunque cueste “trabajo ir al trabajo”, nos hace felices?

Como su nombre lo indica trabajar implica un esfuerzo, algo que en muchos casos si pudiéramos encontrar la formula mágica o millonaria evitaríamos hacer. Ir a trabajar o al “curro” como lo llaman en España, es una de las formas de generar ingresos, los cuales pagan desde la cama que no queremos dejar en la mañana hasta las salidas con los amigos que buscamos alargar lo más posible en los fines de semana. Y así es la vida, trabajar, generar dinero y disfrutar; un ciclo conocido y aceptado socialmente por años y generaciones. Hasta aquí todo suena perfectamente normal, sin embargo las sociedades evolucionan, de la generación de nuestros padres (Baby boomer) que buscaban permanecer en un trabajo estable toda su vida a nuestra generación (millennial) en la que pensar estar más de 5 años en un mismo trabajo nos parece estancarnos.

¿Qué ha pasado en medio de estas dos generaciones en términos laborales? Los cambios han sido muchos y muy acelerados, incluso aún no terminan de ser estudiados mientras que la siguiente generación comienza a empujar a la que seguimos analizando. Y no debe asustarnos, es algo que nos es familiar, tan familiar como cualquier cambio social, esto se llama cultura; cuando trasladamos el análisis de la cultura al ámbito laboral encontramos que son pocas las empresas que han trascendido de observar a gestionar la cultura corporativa de sus compañías; quienes lo han logrado hoy sin duda son líderes que marcan la pauta a nivel internacional.

Si bien la cultura corporativa es algo que crece junto con la organización, es posible estructurar sus cimientos y pilares, dotando a la empresa de valores, propósitos y filosofías que ocupen el lugar más estratégico para alcanzar la misión de la empresa. La definición de todos los soportes culturales de la empresa es una tarea compleja que debe ser diseñada con cuidado, visión y congruencia por quienes dirigen la empresa, mientras más solidas sean las bases más fácil será soportar los momentos en los que la empresa atraviese por momentos de crisis.

Una vez que hemos logrado dar fundamento a los principios de la empresa, pensamos que el trabajo esta hecho y es ahí donde se marca la primera diferencia generacional, pues si analizamos la historia de las corporaciones muchas en alguna parte de su creación llegaron a escribir en algún lado su misión a lo que entendían como cultura corporativa sin realmente lograr empleados identificados con la empresa.

El primer gran hito es marcado por empresas que dotan de propósito el trabajo que realiza la empresa en su conjunto, no solo el CEO que lleva la batuta, dar propósito es entender la suma de valores que se generan desde quien abre la puerta o atiende una llamada hasta quien logra cerrar contratos millonarios.

Dotar de valor y transmitir la importancia de cada función incrementa la satisfacción y pertenencia de los empleados; no es lo mismo saber que me pagan por contestar llamadas que saber que yo tengo la misión de generar una experiencia en la llamada de un cliente y hacer todo lo posible por resolver su problema, si llama es porque nos necesita y esta en mi poder ayudarlo. Será importante asociar la razón de ser de la empresa con las funciones que se desempeñan en ella, por ejemplo, detrás de un trabajo como limpiar las calles si logra comunicarse correctamente el motivo de esta función asociado a “tu misión es hacer de esta zona, la mejor para nuestra sociedad, para tu familia, para ti” el trabajador irá poco a poco asumiendo una responsabilidad que trasciende e incluso le da valor en su comunidad.

La transformación cultural que se genera al transmitir el propósito a cada empleado es absoluta, sin embargo si éste no esta lleno de congruencia en como opera la empresa y su función en la sociedad, la pertenencia se diluye y generamos el efecto contrario, empleados decepcionados.

Nuestra generación hoy más que nunca esta dispuesta a comprometerse con miles de causas más que con funciones mecánicas, las empresas de reclutamiento enfrentan abandonos de trabajo porque los empleados dicen “no sentirse plenos en su trabajo o identificados con sus funciones”, a menudo las empresas lo asocian únicamente al tema de insatisfacción en la remuneración económica, sin embargo aquí aparece nuestro segundo gran hito, la remuneración emocional.

El poco a poco más famoso salario emocional se esta volviendo un elemento de atracción para la captación y retención del talento, pues sumado al propósito los beneficios de carácter emocional que oferten las empresas son dos aspectos que prioriza la actual y nueva generación. Feedback constante, reconocimiento, flexibilidad, empowerment, sentido de comunidad, esparcimiento, activación física, apoyo psicológico y beneficios extendidos a la familia son algunos de los ejemplos en la remuneración emocional que pueden ser la diferencia entre amar o no nuestro trabajo y valorar a la empresa ayudándola a que siga siendo rentable.

¿Sabes cual es el propósito de tu trabajo, de tu empresa, te identifica o trabajas por que es lunes y toca ir al curro?

PAMELA VELASCO
@_pameli_

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

2 + Doce =