Influencers. What’s next?

8 marzo, 2017

En un momento en el que gran parte de la juventud está cegada por jóvenes que marcan las tendencias, uno se pregunta: ¿a dónde llegaremos con el boom de youtubers, instagramers y bloggers?, en el que se puede llegar a pagar por un post publicitario la desorbitante cantidad de hasta 500.000 dólares.

En un primer momento pareció que se había dado con la gallina de los huevos de oro, pues se trata de exponer un producto y/o marca ante miles de personas, que forman parte sin duda, del público objetivo y que, debido a la proximidad y confianza que genera el influencer, la publicidad parece mucho más veraz y real. Sin embargo, ha ido saliendo a la luz la publicidad encubierta, los intereses económicos que se esconden tras esos posts y hashtags aparentemente espontáneos. Como siempre, no significa esto, que la regla se aplique en la totalidad de los casos. Como algunos han declarado, no todas las ofertas recibidas son acordes a sus ideales y por tanto están en su derecho a rechazarlas.

Un win-win para ambas partes, ya que en principio a las marcas les era rentable llegar a una cantidad elevada de personas (pues muchas veces únicamente regalaban el producto en cuestión) y los influencers, aparte de recibir prendas, productos y servicios de forma gratuita, iban ganando cierta popularidad en las redes sociales y en el resto de plataformas. Pero como era de esperar, hecha la ley, hecha la trampa, muchos usuarios empezaron a comprar seguidores a miles para que las empresas les contactaran con la intención de trabajar y colaborar con ellos. Para acabar descubriendo más adelante que se trataba de un fraude en el que habían llegado a destinar gran parte de su tiempo y presupuesto.

En la actualidad se está masificando de forma desmesurada y por consiguiente es tarea más difícil ser descubierto y reconocido en alguna de estas plataformas. Situación que provoca que sólo unos pocos puedan vivir de ello.

La pregunta que se hacen muchos es, ¿hasta cuándo durará esta burbuja? Nadie tiene la respuesta. Lo que sí se puede augurar es que se trata de una tendencia, y como todas, igual que llegan un día a nuestras vidas, desaparecen también de la misma forma. Por lo que hay que estar atento e intentar averiguar qué será lo próximo, para subirse a ese tren que admite a tan pocos pasajeros.

Alba Céspedes

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