La mala publicidad no existe

14 septiembre, 2017

¿Reputación en peligro?

Estamos acostumbrados a escuchar que ciertas marcas se enfrentan a controversias muy distintas que sin duda podrían acabar con la imagen que tenemos de las mismas. Aun así, para nuestra sorpresa, parece que cuando los problemas salpican a según qué empresas las consecuencias acaban siendo más bien favorables.

Pongamos por ejemplo el sonado caso de la compañía automovilística Volkswagen, más conocida como “dieselgate” o “escándalo de las emisiones”, en el cual la Agencia de Protección Medioambiental (EPA, sus siglas en inglés) detectó el uso de un software que permitía ocultar un nivel de emisiones muy superior al permitido legalmente.

Como era de esperar, esto hizo estallar una gran polémica que afectaba directamente al corazón de la compañía, o lo que es lo mismo, a la reputación de Volkswagen. ¿Y por qué tanta importancia? Pues porque supone varios años conseguir una buena reputación y se tarda menos de un minuto en perderla.

Y de ahí lo sorprendente del caso, no sólo su reputación no se vio afectada, sino que el fabricante de automóviles lideró las ventas mundiales en el primer semestre del pasado año, con una cifra total de 5,12 millones de vehículos vendidos. Lo que supuso, consecuentemente, un crecimiento del 1,5% respecto al mismo período del año anterior.

Lo que pudiera parecer increíble, deja de serlo cuando se explica que detrás había especialistas en gestión de crisis de reputación que se pusieron a trabajar en ello desde que se lanzara la primera piedra generadora de ruido. Y aunque siempre habrá quienes consideren que se cometieron errores, la realidad de las cifras es abrumadora e innegable. La imaginación, agilidad y un buen portavoz son algunos de los elementos necesarios a la hora de actuar en estos casos.

Y todo ello nos lleva, sin duda, a cuestionarnos si realmente existe la “mala publicidad”, pues varios son los casos como el anterior, en el que a pesar de atravesar momentos críticos los resultados, a la hora de la verdad, acaban siendo positivos.

Alba Céspedes Martí

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