La seguridad en la comunicación

12 junio, 2017

Algunos estudios afirman que una persona segura de sí misma tiene muchas más posibilidades de éxito en todos sus propósitos, tanto laborales como personales. La confianza en uno mismo, la creencia de que podemos lograr aquello que nos propongamos es la clave de la superación personal en la actualidad, pero ¿por qué resulta tan importante la seguridad en la comunicación? Y otra cuestión, ¿se trata más de ser una persona segura o de transmitir que somos personas seguras?

Probablemente nos haya sucedido que alguien rebosante de autoconfianza, seguridad en lo que hace (no hay que confundirlo con un exceso de ego) y en sus palabras nos contagia de positivismo y unas fervientes ganas de afrontar cualquier reto, de emprender cualquier proyecto, por lo que ¿quién no desearía tener a gente de este calibre a su alrededor, tanto en su entorno laboral como personal?

De ahí se deriva que las puertas de una empresa se abran de par en par a los que transmiten seguridad, pues son los impulsores de una compañía, los que la animarán a tomar decisiones arriesgadas sin miedo al fracaso.

De acuerdo con el psicólogo francés Émile Coué, si nos repetimos día tras día “soy una persona segura” terminaremos por ser esa persona que deseamos ver reflejada en el espejo cada mañana y que nos facilitaría tanto nuestra existencia. Sin embargo, mientras seguimos repitiendo esta frase incontables veces hasta que nuestro cerebro la asimile, Andrea Vilallonga, especialista en Comunicación e Imagen nos proporciona una serie de consejos muy útiles en el periódico de la Vanguardia, que nos ayudarán a proyectar y aparentar la seguridad necesaria para comunicarnos en público.

La experta nos recuerda que la horizontalidad es sinónimo de seguridad, y que por consiguiente, es algo que habrá que tener siempre en cuenta cuando nos dirijamos a un público. Los aspectos a cuidar para mantener esta línea horizontal son, en primer lugar, la postura de nuestro torso, es decir, no estar encorvados, mostrando decaimiento. Podemos reforzar esta buena imagen manteniendo una muy leve gesticulación que focalice nuestra atención en los hombros y que nos permita mantener nuestro espacio vital. No obstante, hay que tener especial cuidado en no invadir el espacio de los demás cuando intentamos marcar el nuestro. La línea es muy fina y varía según la cultura.

El tono de voz es otro factor que también representa un papel primordial, pues a mayor agudeza y velocidad, más inseguridad transmitiremos. La velocidad del discurso puede jugar en nuestra contra si es excesiva, por lo que hay que procurar no acelerarse y no precipitarse a dar respuestas si nos ponen alguna pregunta una vez finalizado el discurso. Es sinónimo de confianza en lo que expresamos dejar acabar lo que el otro interlocutor trata de decirnos.

Finalmente, si ya dominamos todas estas técnicas y vamos a pronunciar un discurso en público, no hay que olvidar que el ensayo previo es crucial para un éxito rotundo.

Àngels Moles Obis

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